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Etimología de RUMIAR

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RUMIAR

El verbo rumiar viene del latín rumigare, en que la oclusiva gutural sonora g se pierde siempre en posición intervocálica en las voces patrimoniales del castellano. Este verbo designa la segunda masticación que realizan los animales llamados rumiantes, cuyo aparato gástrico tiene distintas cavidades, de modo que primero pastan hierba y la engullen acumulándola en la panza, y luego pasan el día regurgitándola a la boca y masticándola pacientemente para volver a tragarla e iniciar su digestión en otro compartimento de su tubo digestivo. Por asociación significa también hablar algo entre dientes, murmurar, rezongar, medio decir con la boca semicerrada cosas para nosotros mismos o que no queremos evidenciar claramente, y también andar reflexionando y dando mil vueltas a las cosas, como dialogando internamente, hasta que las tenemos bien maduras.

Pero este verbo es un ejemplo de un cruzamiento de sentidos. En realidad rumigare en latín es una variante de rumare y designa la acción de los animalitos lactantes cuando maman, en que con el hocico cerrado van succionando y moviendo las mandíbulas. Se deriva de ruma o rumis, las dos formas de la palabra para referirse a la mama o teta, especialmente la de los animales hembra. El verbo irrumare es dar la teta a mamar, y sabemos que en latín clásico por uso metafórico formaba parte de un argot vinculado a acciones sexuales (ofrecer un varón su pene para un acto de sexo oral).

Hay sin embargo otro verbo en latín clásico que es ruminare. Este se deriva de rumen, precisamente la panza o zona gástrica de almacenamiento de las vacas y otros animales rumiantes. Es ruminare el que significaba primitivamente "rumiar" la hierba los rumiantes, y con el tiempo en latín desarrolla la idea de murmurar entre dientes y dar vueltas a las cosas. De hecho en latín altomedieval llegó a significar "leer", pues la ruminatio designaba la típica lectura de los monjes de las abadías en los escriptorios y en los rezos sobre libros litúrgicos, en que nunca leían mentalmente y en silencio, sino que murmuraban para sí lo leído en voz bajita y entre dientes.

No sabemos con seguridad si en latín primitivo ruma y rumen proceden exactamente de la misma raíz, pero está claro que la raíz se identificó en la mente de los hablantes, pues, desde muy pronto hubo un cruzamiento y el verbo rumigare (mamar) asumió todos los sentidos de ruminare (rumiar, y metafóricamente repetir y murmurar entre dientes, y "digerir" mucho las cosas). Quizá también ayudó el hecho de que el movimiento mandibular del cachorro lactante se asemeja a la masticación con la boca semicerrada de los rumiantes. Esta identificación se produjo en el latín popular desde tiempos muy antiguos, como evidencian los epítetos de divinidades arcaicas (referidos incluso a Júpiter) de Ruminus y Ruminalis, para indicar una función nutricia, en que los sufijos enmascaran una posible derivación doble coincidente de rumis o de rumen (una posibilidad con sufijo -no/-ino, otra a partir de la forma dotada con sufijo instrumental-resultativo -men).

- Gracias: Helena



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