Etimología de MIGA

MIGA

La palabra miga procede del latín mīca con sonorización habitual en g de la c intervocálica. En latín mīca designaba a cualquier partícula, miguita o granito pequeño de algo. Aplicado al pan y ya en la lengua romance castellana, como la parte que más habitualmente se desmenuza o desmiga es la parte blanda interior, también acabó designando a esa parte blanda y esponjosa del pan fermentado interior a la corteza. Y metafóricamente también pasó a designar al meollo de algo, la esencia o sustancia, valor que está presente en expresiones como "esto tiene mucha miga". Otras expresiones, como "hacer buenas migas" (estar muy bien avenidos, llevarse muy bien las personas) o "hacer pocas migas" (llevarse mal o no acabar de relacionarse bien), proceden de la tradición culinaria española, Principalmente en la meseta interior, se llama "migas" a un plato típico tradicional de los ámbitos rurales y también propio de pastores, que aprovechaba el pan que se había quedado demasiado duro y cuya elaboración muchas veces era colaborativa y se prestaba a la charla y la relación. Tanto si las hacían los pastores como si eran las vecinas de los pueblos, se juntaban muchas veces para cortar con paciencia en daditos durante horas el pan duro, daditos que humedecían después y dejaban en grandes barreños de barro tapados con paños varias horas. Después freían en aceite en grandes sartenes de hierro algunos ajos, tocino curado bien troceadito, y en ocasiones especiales también jamón o chorizo a pequeños trocitos, y bien frito esto, en el aceite freían las migas reblandecidas añadiendo a veces algo de pimentón dulce y mezclando con los otros ingredientes (hay muchas variaciones). A este significado tradicional parece acogerse el DRAE. Hay sin embargo quien piensa que la palabra migas en la expresión "hacer buenas migas" es una aféresis habitual de a- inicial a partir de la palabras latinas amica y amicus (amiga y amigo), y no tiene por tanto nada que ver con mīca.

El valor genérico de la palabra latina mīca como partícula insignificante se ha conservado muy bien en catalán, en que mica, aparte de designar a una migaja de pan (no así a la parte blanda del pan como en castellano, que en catalán se llama molla), se usa preferentemente con el valor de "un poco", "una pizca", "poco" o incluso a veces con negación o sin ella "nada". Son expresiones habituales "una mica d'aigua" (un poco de agua), "estic una mica malalt" (estoy un poco enfermo), "espera't una mica" (espérate un poco), "de mica en mica" (poco a poco), "no m'ajuda mica" (no me ayuda nada), "d'això sé mica" (no sé nada de eso). Un resto de este valor lo tenemos en la expresión popular castellana "una miaja", de migaja, equivalente a una pizca, un poquillo, empleada en frases como "ponme una miaja de vino".

El vocablo latino mīca, parece que pertenece por su raíz al grupo de palabras vinculadas a la raíz indoeuropea *mei-2 (pequeño, minúsculo), que da lugar en latín a muy diversos vocablos como el verbo minuere (disminuir), de donde minuendo, menguar, menudo y minuto, el vocablo minutia (pequeñez, insignificancia, partícula), de donde desmenuzar o diminuto, el adverbio minus (menos), el comparativo minor (menor) y el superlativo minimus (mínimo), de donde proceden, no sólo nuestras palabras menos, menor y mínimo, sino también vocablos como menospreciar, mermar, ministro y menester.

De la palabra latina mīca también procede el nombre del mineral llamado mica, probablemente, porque aparte de ser frecuente la aparición de este mineral en pequeñas partículas dentro de otras rocas, se produjo una contaminación con el verbo latino mĭcare, que significa brillar o lanzar destellos, y cuya raíz provista con una i breve tiene distinto origen, aunque escasos paralelos (existe en galo la forma myg, brillar).

- Gracias: Helena


En Andalucía se usan mucho los diminutivos de miaja con las formas mi(a)jilla y mi(a)jita para significar "poquito", "no mucho". A un individuo de escasa estatura es frecuente que los amigos lo llamen "el Mijita", y a un guiso se le suele echar una mijilla de condimento. Esto dio lugar a una confusión que me llamó la atención sobre lo diferente que hablamos a veces las gentes de uno u otro sitio. Unos madrileños que fueron al Pinsapar de Grazalema, en la provincia de Cádiz, Andalucía, a hacer senderismo y marchas por los montes bien pertrechados con los mapas del ejército, al volver a Madrid estaban contando sus experiencias por aquellos lugares que les habían resultado en cierto modo exóticos y nos dijeron a los andaluces que por ahí andábamos que una de las cosas que les habían chocado era que la gente medía las distancias por millas. "¿Cómo es eso? ¿En la sierra? Millas usarán los marinos, no los serranos". Insistieron y nos contaron una anécdota en la que a un viejo sentado en un poyete le preguntaron si faltaba mucho para una fuente que en sus mapas venía y había respondido que "una milla". Por cierto, decían, una milla muy corta, pues a la primera revuelta del camino estaba. Así es como ellos habían interpretado la respuesta "una mijilla" (un poquito), porque en la fonética de la zona, encima, la jota no les suena con carraspera sino que es una suave aspiración, tan suave que ni se oye y de "una mihilla" oían "una miilla".

- Gracias: Joaqu1n


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