Etimología de MANTIS

MANTIS

La palabra mantis viene del griego μαντις = mantis, y su genitivo manteos, 'adivino, vidente, que presagia, profético' procedente de la raíz indoeuropea *men-, 'pensar, reflexionar, actividad espiritual', por la postura que estos insectos adoptan con sus grandes patas anteriores en aparente actitud orante o de meditación. De manteia, proceden términos como quiromancia (adivinar el futuro mediante la observación de la mano) y oniromancia (lo mismo, pero basándose en el contenido de los sueños); ambas son naturalmente prácticas seudocientíficas.

Las mantis son insectos ortópteros, familia Mantidae, con unas 2000 especies detectadas en todo el mundo, pero el género Mantis sólo agrupa unas 15. Son depredadores, de aspecto muy peculiar, con el protórax y las patas frontales muy alargadas, adaptadas para capturar a sus presas; cabeza particularmente móvil, ojos prominentes y antenas largas. En muchos lugares se conoce como Mantis religiosa L. (este es el nombre científico de la especie representativa, autóctona de Europa y parte de Asia, que Linneo bautizó en 1758, en su Systema Naturae). En algunos lugares de España se denomina santateresa, y en Argentina y Uruguay le dicen mamboretá.

Resulta importante señalar que existen unas plantas monocotiledóneas, cuyo género lo llamó Linneo Globba, pero en 1810 su nombre fue cambiado a Mantisia, por la forma de las flores que se asemeja a las mantis. Otro ejemplo parecido es Mantispidae (mantíspido, ya en español), que es el nombre de una familia de insectos, pero del orden de los neurópteros, debido también a que se parecen a las mantis, que como ya dijimos, son insectos ortópteros (otros los consideran dictiópteros o también mantodeos) al grado que una persona no versada en entomología, puede confundir con un mántido.

El nombre de mantis (en el lenguaje Helénico) ya aparece en los escritos de la Grecia antigua, donde le atribuían a este bicho poderes sobrenaturales, y dio lugar a numerosas leyendas y mitos porque pueden permanecer por largos períodos inmóviles o balanceándose, en aparente actitud de súplica. En ciertos lugares existe la superstición de que su saliva puede producir ceguera y si es devorado por cualquier equino, es capaz de provocar su muerte, por eso, al menos en México se los llama "matacaballos".

Como prueba indubitable de que en muchos pueblos el aspecto y conducta de estos animales ha generado la misma idea, podemos mencionar algunos ejemplos de los distintos nombres que recibe en otros idiomas: Gottesanbeterin, en germano, Prie-Diev, en francés, prega-Dióu, en provenzal; en todos los casos la traducción al español es más o menos la misma: ruego, plegaria, meditación.

Fuentes:

  • Arnett H. Ross, Jr. and Richard L. Jacques, J.r. 1981. Simon & Schuster's Guide to Insects. USA.
  • The Century Dictionary in DjVu online. Consultado el 4 de mayo de 2016.

- Gracias: Jesús Gerardo Treviño Rodríguez.


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