Etimología de MADROÑO

MADROÑO

La palabra madroño denomina un árbol de España de la familia ericácea, la especie Arbutus unedo L., de etimología desconocida pero sobre la que se han hecho muchas conjeturas.

Este árbol se da en la cuenca mediterránea, en todas sus costas salvo las excesivamente áridas, como las de Libia o el Sinaí, así que se encuentra en la costa Palestina, casi toda la Península Anatolia desde Adana hasta cerca de Trebisonda, toda la Península Balcánica desde Istria hasta Burgas, Península Itálica en todas sus costas, costa francesa del Mediterráneo, costas de la Península Ibérica en su casi totalidad (salvo la zona árida de Almería-Cartagena), penetrando incluso desde el Atlántico hasta la cordillera del Sistema Central, Montes de Toledo y Sierra Morena, llegando por la costa francesa del Atlántico hasta el sur de Bretaña y desde el Marruecos atlántico a la altura del Sahara Occidental hasta Túnez, con un enclave en Cirenaica.

Parece haber sido un árbol nativo de la cuenca mediterránea y desconocido para los pueblos de lenguas indoeuropeas que se acercaron a ella en época protohistórica, porque en latín todos los nombres con que se le llamaba parecen ser de origen desconocido o de alguna lengua previa no indoeuropea. Estos son los nombres del madroño en latín según registra André, Les noms des plantes dans la Rome antique. París 1985:

  • arbutus (f.) y arbutum (n.): de etimología desconocida, usado por Virgilio, Plinio, Varrón, Columela (André 22). También viene en Ernout y Meillet, 43 "sans étymologie".
  • comaros: transcripción del gr. κόμαρος de Dioscórides y Teofrasto sin etimología clara (André 72). Ernout y Meillet no lo nombran. Chantraine 559 cita una propuesta de etimología de R. Strömberg Griechische Pflanzennamen 1940, 58, que lo supone derivado de κόμη "follaje de un árbol", pero a André le parece dudosa.
  • fragum (n.): en plural y luego sing. fraga (f.) significa "fresa", Fragaria vesca L., y se usa para el madroño solo en glosarios tardíos (André 106). Ernout y Meillet no la mencionan con este significado.
  • mimaecylon: también memaecylon transcripción del gr. μιμαίκυλον, (variantes μεμαίκυλον, μημέκυλον, μιμάκυλον) sin etimología (André 22). Ernout y Meillet no lo nombran. Chantraine 702 "terme sans étymologie, probablement emprunté".
  • unēdō, -ōnis (f.): sin etimología, aunque Plinio refiere una etimología popular derivada de unum edere "me como solo uno" porque no estaban tan sabrosos que apeteciera más de uno o porque si se comían muchos sentaba mal (André 22).

Como puede verse ninguno de estos cinco fitónimos latinos tiene relación etimológica con nuestro madroño. Del nombre latino arbutus derivan los de las lenguas romances centrales, como el catalán arboç (fruto) y arbocer (árbol), occitano arboç (árbol) y arboça (fruto), francés arbouse (fruto) y arbousier (árbol), el italiano albatro (árbol y fruto) y dialectos italianos arbuto (Nápoles), murta (Génova), albitru / arbitru (Córcega). En español hay cognados de estos, derivados también de arbutus, pero son poco usuales y excesivamente regionales, como alborocera (Aragón), alborto (Álava y Rioja), alborzo, algorto y borto (Rioja y Burgos). En rumano se ha perdido porque allí no se da el árbol y ahora en jardinería se dice arbore căpșun , arbore de căpșuni o copac de căpșuni todos ellos "árbol de fresas", una evidente traducción servil del inglés strawberry tree.

El sardo es la única lengua romance estándar que ha conservado derivados del otro fitónimo latino, unēdō, -ōnis, en las formas olidone, olioni y lioni, aunque queda también un resto en algunas formas dialectales en la costa atlántica francesa como olon (fruto) olonier (árbol) en Saintonge, auledun en las Landas y leduno en la zona de Burdeos.

Entonces ¿de dónde sale nuestro madroño? Es difícil saberlo. La palabra se da solo en la mitad occidental de la península, en español madroño, con derivados madroñal, madroñera, madroñero, y en portugués medronho y medronheiro, con variantes léxicas locales no registradas como madronh(eir)o, morod(eir)o, morong(ueir)o, morote(iro), etc.

La palabra está viva desde los albores del idioma. La registran con una forma muy próxima a la actual en los repertorios fitonímicos andalusíes desde el siglo X, مطرونيه maṭrūnyuh, que no es sino una transliteración en caracteres árabes de la palabra madroño. Corominas la cita en el tunecino "Abenalŷazzar" (ابن الجزّار Ibn al-Ǧazzār), 898-980, pero en él es de segunda mano, pues también en la misma época pero dentro de al-Andalus lo había mencionado ya el cordobés Ibn Ǧulǧul (ابن جلجل transcrito a veces Ibn Juljul o Ibn Ŷulŷul), 944-994, quien especifica que مطرونيه maṭrūnyuh es su nombre "en latín" (باللطِينيّة bi-l-laṭīniyya). Esto no significa que fuera necesariamente una palabra realmente latina de origen, sino que era la empleada en la lengua latina de los andalusíes en el siglo X, probablemente para esa fecha un protorromance. Otras transliteraciones de la misma palabra en árabe del siglo XI son مطرنيه maṭrunyuh: con la vocal breve u para representar la ó tónica del romance que otras veces se representaba con la larga -ū-, o مطرونُّه maṭrūnnuh, con un intento de transcripción de la nasal palatal romance [ɲ] como tensa con doble -nn- en lugar de la habitual palatalización mediante yod -ny-. La aparición de la vocalización final مطرونية maṭrūnya es un indicio de arabización que desembocará al final de la Edad Media en la incorporación al léxico dialectal árabe andalusí de la forma sin palatalización maṭrón ("madroños") y maṭrona ("madroño") que registra en el árabe granadino P. de Alcalá en 1505 tanto para el árbol como para su fruto:

Madroño - antiguo texto

y que sigue viva en el árabe marroquí məṭṛun (J. Aguadé & L. Benyahia, 2005: Diccionario árabe marroquí. Cádiz: Quorum editores, 97 y 258).

Se han hecho varias propuestas de etimología desde antiguo, aunque ninguna plenamente satisfactoria. Cabe la posibilidad de que se trate de una palabra del fondo prerromano que se hubiera introducido en el latín hispano, pero no hay ningún documento anterior a este madroño transcrito en árabe andalusí del siglo X مطرونيه maṭrūnyuh, y tampoco puede descartarse que sea una palabra latina evolucionada.

En el siglo XVI Francisco López Tamarid, en un apéndice que hizo al diccionario de Nebrija en 1585 que llamó Compendio de algunos vocablos arábigos introduzidos en lengua castellana en alguna manera corruptos, de que comúnmente usamos consideraba que madroño era, sencillamente, uno de esos vocablos arábigos.

En el siglo XVII Francisco del Rosal, en una obra de 1601-1611 que se conserva manuscrita con el título de Origen y etymología de todos los vocablos originales de la Lengua Castellana. Obra inédita de el Dr. Francisco de el Rosal, médico natu[r]al de Córdova, copiada y puesta en claro puntualmente del mismo manuscrito original, que está casi ilegible, e ilustrada con alguna[s] notas y varias adiciones por el P. Fr. Miguel Zorita de Jesús María, religioso augustino recoleto, le da otra etimología derivándolo de la palabra "madre". Dice así el doctor del Rosal:

Madroño - antiguo texto

Es más probable que estos "madroños" colorados y granosos de la matriz de las vacas se llamasen así porque se parecieran a frutos del madroño, y no al revés, pero la semejanza de las palabras madre y madroño no podría pasar desapercibida y ya está presente en esta relación.

Otra conjetura etimológica del s. XVII es la que recoge John Minsheu, quien en su diccionario español - latino - inglés (Londres: Joanum Browne, 1617), que tituló Vocabularium Hispanicum Latinum et Anglicum copiossisimum, cum nonnullis vocum millibus locupletatum, ac cum Linguae Hispanica Etymologijs, menciona la etimología derivada del latín mātūrus "maduro" con el añadido de annus "año", de modo que madroño vendría de "maduro en un año".

Madroño - antiguo texto

Se lo vamos a perdonar porque era foráneo. Otros mejoraron la propuesta, como Carolina Michaëlis de Vasconcellos, que a mātūrus le supuso un sufijo -ōneus para que *mātūrōneus pudiese dar madronho / madroño. A Corominas no le parece suficiente, pues, como dice, todos los frutos maduran y no le parece razonable que se distinguiera este precisamente por madurar.

Corominas lo que propone es un prerromano *morŏtŏnu que habría dado el leonés meruéndano "fresa", "arándano", y a partir de aquí que hubiese sufrido una metátesis que lo dejase en *motŏrŏnĕu, que luego se convertiría en madroño.

Schuchardt prefería traerlo de arbŭtus que en los romances presenta una -r- parásita, arbŭtrus, al que se le podría suponer el mismo sufijo -ōneus que decía C. Michaëlis de V. para que diera un *arbĭtrōnĕu al que mediante la pérdida inicial de ar- hubiese seguido un *bedroño que luego se hubiese convertido en *medroño cambiando la inicial por cruce con madre, o con madera, o con maduro, o con mora. Corominas desconfía de esta etimología porque le parece inverosímil que una palabra que desde el siglo X tiene la forma maṭrūnyuh hubiera perdido una sílaba inicial ar-.

A Federico Corriente, sin embargo, en A dictionary of Andalusi Arabic (1997, 505) le parece muy bien esa pérdida inicial y propone que del latín arbŭtus, mediante un bajolatín arbutrus haya salido primero *arbŭtrōn[ĕu] que hubiera producido el romance *matrón/ño por metanálisis del artícula árabe (al- > ar-), adición del sufijo aumentativo -ón o el adjetival -óno y el paso de /b/ a /m/, que se da a menudo en árabe dialectal.

La Academia se ha decantado por la propuesta de Corominas y la etimología que figura en el DLE es «Quizá de la voz prerromana *motŏrŏnĕu, var. de *morŏtŏnu 'fresa', 'arándano', 'madroño'». Pero con el quizá nos indica que tampoco hay que poner la mano en el fuego por esta etimología.

Sea como fuere, en distintas épocas se han producido etimologías populares con la voz madroño. En árabe su nombre autóctono en Palestina había sido قاتل أبيه qātil abī-hi "el que mata a su padre", traduciendo un arameo קָטֵל אַבּוּ / ܩܳܛܶܠ ܐܰܒܳܘ qāṭel abō, "matador de su padre", aplicado al "madroño", según Löw, Aramaeische Pflanzennamen, 279, porque florece y fructifica simultáneamente, por lo que coincide la flor nueva ("el hijo") con la madurez del fruto procedente de la flor del año anterior ("el padre") y parece que al nacer el hijo muere el padre. De aquí este fitónimo y el contracto ܩܛܠܒ qoṭlob de donde sale un árabe قطلب quṭlub y un hebreo קטלב qṭolob. Pues bien, en al-Andalus se da muy a menudo la versión قاتل أمّه qātil ummi-hī "el que mata a su madre" y esto parece ser una intromisión semántica del étimo "madre" que estaría latente en el nombre romance del "madroño".

Fruto y flor del madroño - Foto cortesía de Joaqu1n

En esta foto, tomada el 10/12/2016 en el parque natural del Alcornocal, en la provincia de Cádiz (España), puede verse el fruto y la flor del madroño coincidiendo en el tiempo: Cuando nace el hijo (la flor) muere su antecesor (madura y cae el fruto), y esa flor será fruto para diciembre del año que viene y otra flor nueva nacerá que lo hará morir.

Otra etimología popular es la que se ha dado con el nombre de Madrid y el oso y el madroño que son los símbolos de la ciudad.

Cuando se conquistó Madrid a finales del siglo XI se le buscó un símbolo para su escudo, pues en al-Andalus no se usaban los símbolos en los escudos, sino las letras, porque había mucha población alfabetizada y no eran necesarias las imágenes para informar, por eso los escudos de las ciudades fueron apareciendo a medida que se iban incorporando a Castilla. A Madrid se le puso una osa con siete estrellas, que son los siete triones (bueyes de arar) del septentrión. El por qué se le puso no está muy claro. Reyes de armas muy posteriores quisieron justificarlo con historias como que Madrid era la primera ciudad de la Carpetania (reino de Toledo) que cogían los castellanos y, como si Carpetania tuviese ese origen, de carpentum "carro" sacaron la Osa Menor, a la que se llama "El Carro". Traído por los pelos, evidentemente. Otros decían que como estaba al norte de Toledo, que era la capital de Hispania, pues por eso se le ponía como escudo la constelación que indica el norte.

El caso es que el escudo de Madrid era una osa con siete estrellas. El bicho estaba "pasante" (andando en horizontal, con la cabeza baja). Tiempo después hubo un pleito con el Cabildo por la explotación de los campos adyacentes y no se solucionó hasta 1222 en que se acordó que los pastos serían de la Iglesia y los árboles y sus frutos serían de la ciudad. De aquel tiempo data la introducción de un árbol con sus frutos del que la osa, puesta de pie, toma posesión, significando que los frutos de los árboles y su madera pertenecían al Concejo de la villa.

A partir de entonces, como los frutitos en los escudos se pintaban de "gules" (rojos) para que destacasen sobre el "sinople" (verde) del follaje, la etimología popular de Madrid hizo madroño, así que el árbol era un madroño porque estaba en Madrid. Y desde entonces se asocia Madrid con el oso y el madroño. Pero los madroños nunca fueron de la flora de Madrid, quizá en la sierra llegase a haber alguno, pero en el llano no. Ahora sí, ahora el ayuntamiento ha plantado madroños por doquier, como si alguna vez los hubiera habido. Lo que puede la etimología popular.

Los primitivos escudos de Madrid como vienen en la Wikipedia:

Este sería el de 1212-1222


Y este el de 1222-1544

Escudo de Madrid - foto cortesía de Wikipedia


Escudo de Madrid - foto cortesía de Wikipedia

- Gracias: Joaqu1n


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