Etimología de ESTIÉRCOL

ESTIÉRCOL

La palabra estiércol viene del latín stercus (conjunto de excrementos animales). Su genitivo es stercoris. La palabra latina se asocia con la raíz indoeuropea *sker-3 (excremento), presente en la palabra escatología, a través del griego σκατός (skatos = excremento).


La palabra latina stercus, stercoris es de género neutro, y ello quiere decir que su acusativo, idéntico al nominativo en los neutros, era también stercus. Recuérdese que para nuestras lenguas romances occidentales el acusativo es el caso etimológico, es decir, que fue el caso más conservado y de él habitualmente proceden nuestros vocablos patrimoniales. Según la explicación tradicional, en teoría la palabra estiércol debiera venir de la forma stercus, y sin embargo no es así. La razón es que en el bajo latín vulgar ya se produjo un fenómeno de eliminación del género neutro de los nombres (por eso ninguna lengua romance conserva nombres neutros) y su paso a masculinos o femeninos. Y se detecta que los hablantes modificaron las formas flexivas propias de los neutros y reconstruyeron para ellos formas analógicas a los masculinos o femeninos. En efecto, considerando stercus un nombre masculino, su acusativo debía ser stercorem, y hay que advertir que esta forma rehecha por los hablantes no es reconstruida o teórica, puesto que está atestiguada en bajo latín (aparece atestiguada en un fragmento de Pelagonius, de su Ars Veterinaria, del s. IV, y también en el fragmento 402,10 del Éxodo). De esa forma rehecha vendría pues nuestro vocablo estiércol. Hay muchos casos semejantes: por ejemplo cumbre viene de un neutro latino culmen, pero no de su forma correcta de acusativo que es culmen, sino de una forma rehecha más tardía, *culminem.

A partir de stercorem, como siempre se pierde la -m final, pero también la e breve que la precede, como en útil de util(em) y león de leon(em, que sólo va a conservarse regularmente cuando la existencia o generación de un grupo consonántico mantiene su presencia como elemento fonético necesario (como en hombre, hambre, teniente, etc.). Además la e breve radical que recibe el acento diptonga en el romance castellano en ie, como en tierra de terra(m), o piedra de petra(m). Y todo vocablo que inicie con una s seguida de consonante, desarrolla una vocal protética en romance para facilitar la pronunciación: sabemos que en latín vulgar frecuentemente fue una i, pero finalmente se generalizó en occidente la vocal protética e (como en estudio, del latín studium, y espada de spata). A todo esto se suma un cambio más, conocido como disimilación de sonantes, en este caso una disimilación a distancia. Las sonantes pueden ser nasales (m, n), o líquidas (l, r). Cuando se encuentran dos sonantes nasales en contacto en una palabra, crean una incomodidad articulatoria que hace que una de ellas tienda a diferenciarse, "disimila" pasando de la serie nasal a la serie líquida, y el nuevo grupo hace nacer una consonante epentética ("puente") que facilita la pronunciación, como en homine(m)> homne> homre>hombre. Pero cuando se encuentran en una misma palabra aunque sea distantes, dos erres, o dos eles, una de ellas pasará inmediatamente a transformarse en la otra. Es por eso que la secuencia r-r en stercor, pasa inmediatamente a estiércol (r-l), cambio frecuente en el romance castellano que por ejemplo obtiene el vocablo árbol a partir de arbor(em) por la misma razón fonética. Disimilaciones semejantes se dan en latín, aunque más sobre todo en la secuencia l-l que pasa a l-r. Es por eso por ejemplo, que ya desde el latín los vocablos formados con sufijo de relación -al, presentan la variante -ar en palabras que ya contienen una l en la raíz (se trata de evitar la secuencia l-l), y decimos cordial o fatal, pero en cambio decimos lunar y ejemplar (no "lunal" ni "ejemplal").

Frente a eso supone un problema la existencia de un vocablo esterco en portugués, a no ser que podamos explicar allá la pérdida de la sonante final, cosa que dejo a quien esté más ducho en esa lengua, pero que pienso que quizá podría explicarse por vocalización de la sonante final y reducción. La explicación podría ser muy diferente, claro, y sería sin duda que ni en portugués ni en castellano habría que partir de la forma stercorem. Esta forma no es realmente la más usual. Así como los neutros en -en sufren una refección en su cambio de género, produciendo acusativos como luminem, a partir de lumen y culminem a partir de culmen, los neutros es -us como stercus, stercoris, son con cierta frecuencia asimilados a formas en -us de la segunda declinación. Es así como latus, lateris, rehace un acusativo latum (y de ahí lado), y como tempus, temporis, rehace un acusativo tempum y de ahí tiempo. Si esto le hubiera sucedido a stercus, una forma *stercum explicaría bien el portugués esterco, y además sería explicable en castellano, habiendo producido primero un posible vocablo estierco, que pasaría a estiércol por analogía con otras palabras de su familia léxica. En efecto también tenemos en castellano otras formas, patrimoniales y evolucionadas a partir del latín, como son estercolar (del latín stercorare) , y estercolero (del latín stercorarius, en origen relativo al estiércol, y después quien comercia con el estiércol; a larga también lugar donde se acumula el estiércol). Nótese que en estas formas se da también la disimilación de la r en l, y no sin embargo la diptongación en ie de la e de la raíz, por un motivo muy claro: para diptongar la e ha de recibir el acento, y en estas palabras el acento está en otra sílaba. Queda así una situación muy frecuente y asumida en la lengua romance: las variantes diptongadas o no dentro de los vocablos patrimoniales según reciban o no el acento (tipo venir-viene, tener-tiene, llover-llueva, etc.). Otras formas como estercoladura, estercuelo, estercolizo, etc., serían derivadas de estas y la lengua ya tiene en cuenta cuando debe emplear la forma átona sin diptongación (estercol-).

Hay también un arcaico y desusado estercar, verbo para el que sería muy sugerente la existencia tardía de un stercus pasado a la segunda declinación con un acusativo stercum. El problema para postular como general una forma así es que la forma stercorem está plenamente atestiguada. Pienso sin embargo que no es imposible la existencia de dos variantes, stercorem y stercum, como formas etimológicas de las que partir.

Evidentemente un cultismo, que es palabra artificialmente arrastrada del latín a la lengua considerada, no presentará estos cambios, que son propios del habla patrimonial, gestados por unas leyes fonéticas que no son más que la expresión de tendencias de habla de una comunidad determinada. Es por eso que un vocablo como estercóreo (latín stercoreus), que es un cultismo puro, mantiene intacta la raíz latina, con sólo la generación de la vocal protética inicial que también es propia de los cultismos.

Hay que hacer constar que la Romania es variada en la denominación del estiércol, porque en la práctica en los medios rurales romanos existen diversos vocablos para referirse a lo mismo. Uno de ellos es fimus, que nos da en catalán dos variantes: la forma fem (surgida del acusativo fimum) y la forma fems (que se considera derivada del nominativo fimus). También es fimus el origen del vocablo francés fumier (de un derivado fimarium, influenciado por fumus, humo, debido a las emanaciones gaseosas del estiércol). En italiano en cambio es letame, procedente de laetamen (literalmente, aquello con que se ceba o enriquece el campo, con lo que se abona), del verbo laetare (engordar, cebar, abonar) que tiene que ver con el adjetivo laetus, que aunque acaba significando alegre y feliz en latín, en principio significaba bien engordado y nutrido, cebado y orondo. Por último en italiano también encontramos el dialectalismo oleto, del latín oletum (excremento humano), llamado así por lo que huele, a partir del verbo latino olere (tener olor).

- Gracias: Helena


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