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Etimología de BUSCAR

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BUSCAR

La palabra buscar la dejó el DRAE sin etimología, pero José María Anguita Jaén ("Acercamiento etimológico al cast. (gall.-port.) buscar: lat. poscere" en Cuadernos de Filología Clásica. Estudios Latinos 27 N° 2 (2007) parece haber dado con ella: Sería del latín poscere "pedir", pero no del infinitivo, que difícilmente habría dado buscar, sino de la primera persona conjugada, posco "pido" (intento conseguir algo reclamándolo), que se habría visto fusionada con la procedente de un verbo nuevo de origen germánico aportado por los francos del Camino de Santiago, buscare "ir al bosque (a buscar leña)", en torno al siglo XI. De esta fusión habría salido un busco que produce en español y portugués el infinitivo buscar con el significado de "intentar conseguir lo que se quiere mediante un hallazgo que ha precisado movimiento, atención, persecución, seguimiento de un rastro".

- Gracias: Joaqu1n


La hipótesis de que el verbo buscar viene de un posco latino presenta varios problemas. En primer lugar, y lo más importante, este verbo latino clásico pertenece a un estrato culto y no se tiene noticia de que pasara al latín vulgar ni a las lenguas romances; Ernout- Meillet lo dice claramente: no roman (es decir, posco no pasa a las lenguas románicas). Fonéticamente parece del todo imposible el paso de posco a busco (p- inicial sonorizada, algo insólito en la fonética histórica del castellano). Todo son anomalías: la o latina pasando a u, el grupo sc conservado siendo así que en castellano siempre da /c/: v. g. pisces > peces, nascere> nacer, etc., sumado todo a la flexión en -ar. Y no convence el subterfugio de postular un origen en 1ª p. sing. (posco) algo también inusitado y anómalo, y el fácil expediente de un hipotético cruce con un germánico buscare. No sabemos si ese buscare germánico está del todo atestiguado, pero de estarlo sí sería un étimo plausible. Pero especialmente mueve a desconfianza la metodología consistente en consideraciones de índole semántica - no fonéticas - acerca de eventuales similitudes de significado entre el poscere latino y el buscar castellano. Pienso que similitudes semánticas o conceptuales son una mala base etimológica sin real apoyo fonético y lingüístico. Además el posco latino y el busco castellano difieren bastante en su significado. Me temo que la etimología de buscar va a seguir siendo un enigma, como puede serlo la de tomar, importantísimo y muy antiguo verbo español para el que la hipótesis del latín autumare 'estimar' nos deja un tanto insatisfechos.

- Gracias: Pedro Menoyo Bárcena


En mi artículo ("Acercamiento etimológico al cast. (gall.-port.) buscar: lat. poscere") no se defiende una derivación directa, morfofonológica, de buscar respecto a poscere, sino el que su configuración final -morfológica y semántica- no se explicaría de no existir una relación entre estos dos verbos. Estando clara su disimilitud formal e incluso el hecho de que no significan la mismo (poscere significa 'pedir'), mi explicación parte de una verificación: el de que tanto poscere como buscar forman parte del sistema terminológico y conceptual (en castellano y en latín) del proceso secuencial "querer algo -- tratar de conseguirlo". En latín tenemos volo-velle 'querer' -- quaero-quaerere 'buscar', posco-poscere 'pedir', y peto-petere 'tratar de conseguir' (algo así como el archilexema de esta oposición). En cast.-gall.-port. tenemos querer -- buscar y pedir (donde buscar es el archilexema que puede significar, dependiendo de con que se combine, tanto 'buscar' -busco a mi novia- como 'tratar de conseguir' -busco novia). El hecho es que, en los romances iberoccidentales, se produce la pérdida del verbo volo-velle, y esto provoca en sus secuenciales una revolución consistente en el corrimiento de todos ellos: así, el lugar del antiguo volo-velle lo asume, como es bien sabido, quaero-quaerere, que de 'buscar ' pasa a significar 'querer'. El vacío dejado por quaero-quaerere lo habría ocupado, según mi teoría (pues no hay documentación que lo avale), posco-poscere, que de 'pedir' habría pasado a significar 'buscar'; y el vacío dejado por posco-poscere lo ocupó peto-petere (esto sin discusión, pues pasó de significar 'intentar conseguir' a significar 'pedir'.

Esta primera parte nos explicaría que posco-poscere, en el contexto de cambios vistos, habría pasado de 'pedir' a significar 'buscar'. La segunda parte del artículo intenta explicar el porqué de la forma final. Para ello, se recurre a la hipótesis de la llegada a la Península de un verbo germánico boscare o buscare, bien atestiguado en Centroeuropa desde el s. IX con el significado excesivamente técnico de 'cortar leña', poco conciliable con el de 'buscar' (aunque hay algún indicio de que el verbo pudo tener un significado no tan restringido: algo así como 'ir al bosque', 'estar en el bosque' o 'hacer algo en el bosque'). La primera persona (bosco o busco) de este verbo importado se habría encontrado con la de poscere (posco), casi homónima, y de la colisión habría surgido la fusión de ambos, en la que buscare aporta la morfología y poscere lo fundamental de la semántica. Además, buscare habría contribuido a la configuración semántica definitiva del verbo aportando las connotaciones cazadoras. Es decir, que en su paso a la Península Ibérica, el buscare franco-germánico se habría desprendido de sus connotaciones lignarias y, seguramente por atracción de la semántica del poscere hispano, que había asumido la del antiguo quaerere ('intentar conseguir algo mediante su hallazgo') se habría cargado con las connotaciones venatorias que tiene el definitivo buscar (cf. las definiciones y ejemplos de los principales diccionarios hispanos: DRAE, María Moliner, Casares...). En la Edad Media esto fue mucho más acusado, pues el verbo se usa con frecuencia como tecnicismo venatorio, especialmente en textos del s. XIII.

Contestando alguna de las objeciones de Pedro Menoyo a mi teoría (salvando la parte fonética, que creo queda ya suficientemente explicada), tengo que decir que poscere no perteneció nunca a un estrato culto de la lengua latina, sino que es el primer término que a un romano le venía a la mente cuando pensaba en el concepto de 'pedir'. Que esto fue así no sólo en época clásica sino también con posterioridad, se puede verificar en las listas de sinónimos que ofrecen algunos gramáticos de época tardía, o en los Glosarios medievales, donde aparece siempre asociado a petere o quaerere. Es decir, no pertenece a un estrato más culto que estos dos verbos; y si no hay rastros de él en las lenguas romances, habremos de buscar una causa distinta a la del registro lingüístico.

La autoridad del Diccionario de Ernout-Meillet, como la del Corominas o la del Meyer-Lübke es grande. Son la referencia a las que debemos acudir los especialistas y los aficionados para buscar las primeras informaciones sobre los términos en que trabajamos. Pero no son Palabra de Dios. Por suerte, no está todo dicho en el campo de la historia de las palabras. Por el contrario, podemos afirmar que, a pesar de la existencia de estos valiosísimos instrumentos, es más lo que ignoramos que lo que conocemos. Mi artículo es un ejemplo de que se puede seguir tratando estos temas y sacando cosas nuevas, incluso de términos tan usuales como buscar. Con ello no estoy dando por sentado que yo he encontrado la solución del enigma de buscar, sino simplemente que he aportado una teoría nueva de su génesis e historia, que los especialistas habrán de discutir y valorar.

Otras teorías sobre el origen de la palabra buscar son las siguientes:

  • Procedencia directa de un verbo indoeuropeo *budsko 'ganar'. Enunciada por Corominas en su diccionario critico, el propio autor no la toma muy en serio por los evidentes problemas históricos que presenta.
  • Procedencia del gótico *buska (leño), término del que procede el español bosque. La relación de buscar con el bosque fue sentida desde el principio por los interesados en su etimología. Covarrubias (s. XVII) postuló como paso intermedio un *bosquear sinónimo de montear 'ir de caza'. El romanista alemán Frederich Diez (1794 - 1876) aceptó esta etimología, seguramente condicionado, ya que en su tiempo se descubrió que el origen de hallar procedía de afflare, literalmente 'resoplar', asimilándose este término al venteo u olisqueo de los perros en el curso de una caza (además del trovare-trouver 'encontrar' cuyo origen propuso Hugo Schuchardt (1842 - 1927) en turbare, verbo que aludiría a un procedimiento de pesca consistente en remover violentamente el agua de antes de pescar). A esta teoría se sumó Rufino José Cuervo (1844-1911), que descubrió algunos usos de derivados de buscar con sentidos relacionados con la caza (can buscador y ave buscadora para animales usados en la caza, busca 'grupo de cazadores'). Además, en catalán y en italiano la palabra entra, como préstamo del castellano, en la acepción de 'cazar'. Esta etimología en apariencia sólidamente asentada es desactivada por Gottfried Baist (1853-1920) al reparar que bosque, la palabra de la que se partía para explicar buscar (atestiguada desde el s. XI) no se documenta en español hasta el s. XV. Aparte esto, la forma resultante debería haber sido *bosquear, no buscar. En todo caso, en mi artículo no descartó el hecho de que la palabra bosque (pero en su forma antigua fráncica, latinizada, busca, de la que se parte para el boscare-buscare centroeuropeo) haya contribuido a conformar la semántica definitiva del buscar español. No hay que olvidar que al significado del quaerere latino (simplemente 'conseguir algo mediante un hallazgo') el buscar español añade las notas de '... que ha precisado movimiento, atención, seguimiento de un rastro' según los diccionarios hispanos más competentes.
  • Otra teoría es que viene del latín: vestigare, fustigare, *fusti- busticare. Este híbrido de vestigare 'seguir un rastro' y fustigare 'dar latigazos' (que podría estar en la misma línea de explicación a partir de verbos de caza) para un resultado final de buscar presenta evidentes problemas semánticos, pero los fonéticos resulta casi insalvables (el problema no sería tanto la pérdida de la t en esa posición como el ensordecimiento de la velar intervocálica y la confusión, en ámbito peninsular, de una f y una b-v). ´
  • Los intentos de Schuchardt por relacionar buscar con los verbos transalpinos bucicare, vuscecà, buzzicare 'mover, mezclar' tienen como mayor inconveniente, aparte de la dificultad semántica (que nos vuelve a remitir a la esfera de la caza), el hecho de estar recogidos en Italia y no contar con testimonios antiguos.
  • Una colega, en comunicación oral, me sugirió la posibilidad de que buscar procediera de un hipotético *busequare, denominativo a partir de busequa 'pastor de bueyes'. Fonéticamente resultaría el étimo perfecto, pero por desgracia no está atestiguado y el sustantivo del que se parte es una creación literaria de Lucio Apuleyo ( c. 123 - 180 d. C.) que apenas trascendió el margen de sus obras [un testimonio más en Sidonio Apolinar (c. 431 - 488 d.C.)].

- Gracias: JoseAnguita


Pédro Menoyo Bárcena sostiene que "buscar" no tiene relación etimológica con el verbo latino "poscere" argumentando que éste era un verbo culto, no propio del latín vulgar, y que el paso de "o" a "u" constituiría una improbable anomalía en la evolución del latín al castellano. Respecto de la primera objeción cabe decir que una de las características del latín hispánico parece haber sido la presencia habitual de lo que en otros ámbitos (Italia y las Galias, por ejemplo) hubiesen sido términos cultos ("mensa" en vez de "tabula", "mulier" en vez de "domina", "comedere" en vez de "manducare", el latinismo "fabulare" en vez del helenismo "parabolare", etc.). Respecto de la segunda objeción, el del anómalo paso de "o" a "u", cabe decir que no es habitual, pero sí un hecho: "jocare" dio "jugar". Las otras objeciones hechas por el señor Menoyo Bárcena son más sólidas.

- Gracias: Oscarariel



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