Etimología de BRUJA

BRUJA

Para los religiosos de antaño, la bruja era esa mujer que había perdido el temor a Dios y así se sentía libre de llevar una vida viciosa y libidinosa. Otros le daban poderes mágicos que le permitían volar en una escoba. Mientras que los más prácticos, la describen como cualquier mujer vieja y fea. Pero yo siempre me la imagino como una mujer que tiene un profundo conocimiento de la naturaleza. Conoce todas las hierbas del bosque y prepara pociones curanderas para cualquier mal.

Según el DRAE1 y Corominas2, la palabra "bruja" es de origen incierto, quizás prerromano. Pero a mí me suena con ese bar, bar, bar de las palabras germánicas. No sólo a mi, sino también a Monlau y Covarrubias. Monlau dice que es de origen godo3. Covarrubias dice que viene de Brugis (una ciudad de Flandes) o del germánico septentrional Bruex (hermano)4. A me suena más al nórdico antiguo brugga (hervir pociones) que dio la palabra brew (elaborar cerveza, hervir té, etc.) en inglés.

Si revisamos el CORDE5, encontramos la primera mención de la palabra bruja, en una lista de tarifa con los precios por diferentes productos:

Del troxiello de ysembrunes, I moravedí.
Del troxiello de bruja, I morravedí.
Del troxiello de fustanes, I morravedí.
Del arrova del açúcar, quatro dineros.

Obviamente un trozo (troziello) de bruja no se refería a un trozo de mujer, sino algún tipo de ingrediente.

Fuentes:

  1. Diccionario de la Real Academia Española - Vigésima Segunda Edición - 2001.
  2. Breve Diccionario Etimológico de la lengua Castellana - Joan Corominas - Tercera edición - 1973.
  3. Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana - Pedro Felipe Monlau, Madrid - 1856.
  4. Tesoro de la Lengua Castellana o Española - Sebastián Covarrubias Orozco - Edición de Felipe Maldonado y Revisada por Manuel Camarero - 1995.
  5. Fuero de Sepúlveda - Anónimo - c. 1295 - REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Banco de datos (CORDE) [en línea]. Corpus diacrónico del español. <http://www.rae.es> [Septiembre, 19, 2010].

Esa búsqueda en el CORDE es una lista de productos con sus precios, entre ellos los de telas que se vendían en pequeñas "trojas" (ant. "troxas", relacionado con el gallegoportugués 'trouxa' y el francés 'trousse'), fardos de veinte piezas. "Bruja" en este caso se refiere a paño de Brujas, Flandes, con una etimología diferente, posiblemente relacionada con el inglés 'bridge' (puente).

El dato que se ha obviado es que antiguamente "bruja" no se escribía con jota, sino con equis pronunciada con el fonema palatal /ʃ/ semejante al inglés 'sh'. En gallegoportugués es 'bruxa' y en catalán 'bruixa', a los cuales podemos añadir 'bruxa' en asturleonés y en aragonés, y 'bruisha' (o 'brouche') en gascón, sin más parecido en otras lenguas románicas fuera de la península ibérica.

Desde luego, no está claro y por ahora se trata, entre otras posibilidades más peregrinas (como griegas o sánscritas), de emparentarla con algunos vocablos protoceltas: *brixtā (hechizo), *brixto- (fórmula mágica), *brixtu- (magia). Parece una relación interesante.

También se ha querido ver un posible 'burutxa' vasco, de 'buru' (cabeza) y 'utza' (vacío) que no parece nada convincente; más aún si tenemos en cuenta su gran aportación "jorguina", de 'sorgina' (bruja).

- Gracias: Wignasi


Lo primero que hay que decir es que la palabra jorguina no es de origen vasco. O mejor dicho, en efecto en castellano viene del vasco sorgina que significa bruja o hechicera. Pero es que esta palabra no es vasca, sino un muy probable préstamo bearnés o aquitano en general, de la misma raíz que el francés sorcière (bruja y tratante con el diablo), femenino de sorcier, y que procede del latín vulgar sortiarius (mago, brujo), variante de sortilĕgus, adivino hechicero, que es palabra derivada de sortes (los objetos mánticos de adivinación).

Lo segundo es que no se pueden decir barbaridades acerca del origen de la palabra bruja, que en efecto es oscura. Ni tiene nada que ver con la ciudad de Brujas (del nerlandés Brugge, palabra emparentada con el alemán Brücke, que es puente), ni es goda, ni nada por el estilo.

La palabra en efecto se presenta en gallego, en castellano, en catalán, en formas del antiguo aragonés, y al otro lado de los Pirineos en lo que hoy es Francia en los dialectos gascones y languedocianos. En latín sólo aparece en latín renacentista a inicios del s. XVI en la obra de Martín de Arlés Tractatus de superstitionibus, contra maleficia seu sortilegia quae hodie vigent in orbe terrarum, en que adopta la forma broxae (en plural) sacada de alguna de las variantes navarras o aragonesas y simplemente latinizada.

Sólo existen dos posibilidades lógicas y defendibles para esta palabra. La primera es que se trataría de un vocablo prerromano, como defiende Corominas, de origen concreto poco preciso, pero no vasco, desde luego, sino que podría ser celta más bien por toda el área en que se extiende, sin que podamos precisar demasiado.

La segunda es la que planteo personalmente y que creo que merecería un estudio más exhaustivo: la posibilidad de un origen latino a partir de una formación del latín vulgar. Me explico. La palabra bruja aparece documentada a partir del s. XIII en los diversos romances en que aparece, y el sentido primitivo que se le da no es tanto de mujer entendida en hierbas y hechizos, sino de súcubo, o ser de apariencia femenina, espíritu maléfico al que desde el principio se le atribuye la capacidad de volar y la asociación con distintos pájaros, bien nocturnos o bien de mal agüero, hasta el punto de que Díez pensaba que el vocablo significó originariamente "lechuza" según se desprende de Hernán Núñez en 1512, y hasta el punto de que Cervantes testimonia que las brujas creían convertirse en gallos, lechuzas o cuervos y tradicionalmente se las representa asociadas a pájaros similares.

Si sólo tuviéramos la palabra bruja en castellano, podríamos incluso plantear que procedería del un latín vulgar *volŭcŭla algo así como "bicho que vuela", un diminutivo bien fácil y regular a partir del clásico volŭcer (que vuela, alado, volátil, pájaro). La evolución sería totalmente correcta, casi idéntica a la del otro *volūculum, este derivado de volūcra (envoltorio, de volvĕre), que por labialización de v, disimilación de l en erre y guturalización del grupo -cul- nos da borujo y burujo, y al final incluso la palabra orujo. Para el caso de bruja habría que partir de *volŭcŭla y pensar que una forma *boruja, bien por metátesis a brouja o bien por haplología, habría generado bruja.

Pero el panorama es distinto al considerar todas las grafías antiguas y las formas en los distintos romances (bruxa, bruixa, broxa, broucho…). Todas estas formas testimonian una x originaria, y que por tanto no procedería del grupo latino -cul-. ¿Qué es entonces lo que podría plantearse?. Pues podría plantearse, siempre a partir de volŭcer, una formación del latín vulgar *volŭxa o incluso mejor aún *volŭxia, en absoluto imposible (*volŭc-sa/ volŭc-sia), en que el paso de l a erre es igualmente justificable por la frecuentísima alternancia de ambas consonantes líquidas (como por ejemplo en brinco, lo más probable de vincŭlum o quizá de un hipotético germánico blinken). Formaciones en -sa o en -sia aparecen frecuentemente en femeninos de la onomástica, bien representados en la epigrafía. Por su similitud a la forma tratada destacan formas como Volusius y Volusia, muy frecuentes, y hay un nombre Volux bien testimoniado en Salustio. El sufijo -sius/-sia tiene el mismo origen que el sufijo onomástico -erius/ -urius (como en Valerius/ Valeria o Veturius/Veturia), que en origen eran -esius / -usius, pero en que al estar la ese precedida de vocal fueron afectados por el fenómeno fonético del rotacismo que actuó en el latín a lo largo del s. IV a.C. De manera que sólo conservan su forma primigenia -sius/-sia cuando precede consonante, como en un posible *voluc-sia.

Pero cabría plantearse por qué tal hipotética forma latina sólo dio resultados en los romances hispanos y del sur y sureste de Francia. Podría ser incluso una creación popular de alguna de estas áreas justificada por motivos antropológicos. Es posible que una creencia ancestral en súcubos maléficos femeninos (que desde luego tenemos atestiguada en la literatura latina y griega, y que buscaban copular con hombres), pero que adoptaran la forma de pájaros y tal, fuera una creencia característica de áreas hispanas o del entorno pirenaico, o incluso del entorno vasco, que justificara tal acuñación y conservación léxica.

- Gracias: Helena


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