Etimología de VENUS

VENUS

La palabra Venus como nombre propio viene del latín Vĕnus, ĕris y puede referirse a la diosa romana del amor y la belleza, citada, por ejemplo, por el escritor Cicerón (De Natura Deorum o la Naturaleza de los Dioses, 3, 23, 59, etc.) o al segundo planeta del sistema solar, que se identifica como el lucero del amanecer o también el lucero del anochecer, citado por el mismo autor en la misma obra 2, 53, 20. Pero existe también el nombre latino común venus que significa 'gracia', 'atractivo', 'encanto', 'elegancia', 'amor'. También existe el homónimo latino vēnus, venum, que significa 'venta' o 'tráfico de cosas', que tiene diferente origen etimológico que Vĕnus.

Probablemente Vĕnus sea originada de la raíz neutra abstracta *venes-, con el significado de 'encanto', 'cualidades que provocan excitación', y originalmente, 'deseo'; raíz que también originó veneror, aris, 'venerar', 'adorar', 'honrar', 'pedir un deseo a un dios' y veneratio, onis, o sea, 'honra', 'veneración', así como venenum, 'hierba mágica o poción para atraer el amor de alguien'. Términos probablemente vinculados a la raíz indoeuropea *wen- (desear, amar, esforzarse).

La diosa Venus, personificación de la fecundidad y de la gracia es posiblemente de origen etrusco o prerromano, que, según el militar y escritor Varrón (116-27 a.C.), no era tan alabada ni mencionada en las épocas romanas más antiguas, pues no había festivales dedicados a ella en los antiguos calendarios romanos. Sin embargo, entre los latinos se practicaba su culto, pues tenía dos templos antiguos, Lavinium o Lavinio, al sur de Roma, que floreció allá por el siglo VIII a.C., según la leyenda, ciudad fundada por Eneas y el templo de Ardea. Venus fue luego asociada por los romanos con la diosa griega Afrodita (textualmente, hija de la espuma del mar).

Venus, deidad de la fecundidad fue considerada como tal hacia los siglos III-II a.C., motivada por la idea que Roma tenía origen Troyano a través de Eneas, que a su vez fue para los romanos hijo de Venus. Originalmente era la diosa de la primavera y la fecundidad, en compañía de Flora y Feronia, protectora de los huertos. Fue después que se la consideró la diosa de la belleza y el amor, al identificarse con Afrodita. De Eneas descendía la gens Julia y Venus era su antepasado. Tenía diversos epítetos, entre otros, Venus Victrix o la vencedora de Pompeyo, Venus Genitrix de la maternidad o quien engendró a César, Venus Ercina, patrona de las prostitutas del monte Erice al oeste de Sicilia, etc.

En lo que respecta al planeta Venus, llamado así por los romanos por la diosa del amor y la belleza o la personificación de la diosa Venus, es el astro nocturno más brillante después de la luna, y, junto con Mercurio, comparten la característica de ser los únicos planetas interiores (más cercanos al sol que la tierra), por eso, sólo pueden verse en los amaneceres y en los ocasos, muy cerca del sol, precediéndolo en la mañana o siguiéndolo al anochecer. Tal vez Venus sea la figura celestial que ha merecido más leyendas en todo el mundo. Antes que los romanos, la Civilización de Mesopotamia lo personificaba como la diosa Innana-Ishtar, viéndolo a veces como una mujer y a veces como un ser hermafrodita, a veces como deidad de la guerra, a veces la deidad del amor o cortesana de los dioses.

También se llamó a Venus Lucifer en latín (de lux = 'luz' y ferre = 'llevar', 'portar'), así como a la estrella Sirio (Sirius, en latín y Σείριος o Seirios en griego) del Can Mayor, ya que durante el verano boreal, esta estrella, también llamada 'la canícula' sale por el oriente justo antes de que el sol aparezca sobre el horizonte. También en la literatura romana abundan las expresiones derivadas de Vĕnus, por ejemplo, Iactus venĕris, 'la suerte de Venus en el juego de dados' (Marcial); Venĕris dies o 'día de Venus, el viernes'; Venĕris mensis, 'el mes de abril' (Ovidio); Venĕris filĭus, 'el hijo de Venus o Cupido' (Ovidio).

Los griegos lo llamaban Phosphorus (φωσφορος) o el que lleva o porta la luz, cuando salía antes del amanecer, como arrastrando al sol con su luminosidad, y en los atardeceres lo nombraban Hesperos (ἕσπερος), es decir, 'la tarde', el atardecer', porque iba siguiendo al sol en su marcha hacia el horizonte occidental, para dar lugar a la noche, pues creían que se trataba de dos astros distintos, hasta que Pitágoras (ss. VI-V a.C.) descubrió que era el mismo cuerpo celeste. Los persas llamaban a Venus Anahita (diosa del agua y la fecundidad); los incas lo llamaban Chasca (la estrella del pelo largo, como el paje del sol, protector de los jóvenes); los árabes le dieron por nombre Athar; los fenicios lo nombraban Ashtart (el más hermoso de los cuerpos celestes). Y así podemos dar un número casi interminable de nombres, pues Venus no puede pasar desapercibido por ningún pueblo.

- Gracias: Jesús Gerardo Treviño Rodríguez.


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